Después de una larga ausencia en este blog, pensé que tendría algo bueno qué decir. La verdad es que son puras babosadas pero igual alguien les encuentra utilidad. Yo ya no me aguanto, es más, ni siquiera me dirijo la palabra en este momento. *se mira al espejo de manera amenazadora*
De mi amigo y su blog...
Hace poco un blogger famoso y no vegano con quien tengo una bonita amistad (nos hemos intoxicado forevereando sobre la vida hasta quedarnos dormidos en su sofá) escribió unas líneas sobre mí:
Tratando de ver el vaso medio lleno, es cierto, todos mis amigos se preocupan por mí a la hora de elegir comida para una reunión. Y aunque por el bien de la comedia él haya tomado un incidente baboso para convertirlo en un texto chistoso, no miente: sí reviso las etiquetas y jamás le compraría algo hecho con animales... pero sí una chirindonga de berenjena, o sushi de aguacate, espinaca y pepino. ¡Si habláramos seriamente de vez en cuando!
En fin, para tratar de llenar todos los huecos le llevé unas hamburguesas de lenteja a su trabajo y hablamos al respecto. Él se disculpó muy apenado, luego yo misma me sentí avergonzada por ser tan dramática y terminamos pidiéndonos perdón mutuamente durante media hora. True story.
Supongo que por eso no se nos da la solemnidad :-/
Comehierbas o no, seguimos siendo humanos con múltiples personalidades; los aspectos que dan forma a nuestro carácter son muchísimos, no solo nuestra ideología. Con con esto quiero decir que las personas convivirán con el vegano, el bromista, el irritable o el huevón dentro de nosotros, lo que les da la opción de detestarnos (o querernos) por otras razones más que el simple hecho de no comer animales. Es algo que ambas partes debemos entender. Eso y no tomarnos la vida tan a pecho.
Pero sí, cuando sean veganos, traten de no llevar su faceta irritable y poco seria, vean lo que me pasó a mí :(
El altavoz taurino...
Hay un sujeto peculiar en el lugar donde trabajo. Todos nos enteramos de su vida cuando habla por teléfono aunque esté encerrado en un cuarto a 20 metros de distancia. Le grita a todo mundo y le gusta que la gente sepa que él es un Lord Caca Grande. Alguien importante, pues. Hace unos días lo tenía justo atrás de mí discutiendo (si así se le puede llamar a expulsar 10 litros de saliva por palabra vociferada) con un reportero que parecía muy afectado por haber presenciado una corrida de toros. El chico era joven y en mi opinión no supo (¿o no quiso?) defender sus argumentos contra esta práctica cruel, solo dijo con timidez que ver al animal agonizando y bufando lo había entristecido. Oh, pero al otro bruto sí que lo escuché, entre las cosas que bramó habían joyas como esta:
haciendo un monólogo en una conversación, es fanático de los chistes machistas y le encanta humillar al personal más joven con bromas sobre su sexualidad (sí, es de los que piensan que insinuarle a alguien que es gay es la mar de gracioso). ¿Realmente ganaría algo discutiendo con él?
Sin darse cuenta dejó algo implícito en su diatriba: el chico está joven, él ya no. Sus ideas son obsoletas y no me cabe la menor duda, ya van de salida.
Judas la tortuga, Diógenes el perro y nuevos veganos
Como tengo horariode teibolera nocturno, trato de no desviar mi camino al regresar a casa del trabajo, pero por alguna extraña razón un día elegí la ruta panorámica que consiste en muchos camiones estacionados, un taller mecánico y un altar a San Judas. Al pasar por este último vi una extraña roca que se movía y decidí que ya no fumaría esa cosa acercarme ¡Era una tortuga! Pobrecita, estaba boca abajo y con el caparazón despostillado. La llevé a casa y la observé por horas O_O, qué bonita es. Eso sí, no sé un pito sobre estos animales pero llevarla al veterinario y consultar en foros (y sí, también Yahoo answers aunque me avergüence) me ayudó a entender que mi fea carota pegada a la suya no va hacer que coma mejor.
Judas no es el único animal que ha recibido una segunda oportunidad. Hace poco alguien a quien estimo muchísimo y ha tenido la paciencia de escuchar mis soliloquios veganos decidió adoptar a un perro que encontró tristeando por su escuela. Lo llamó Diógenes y ya son muy buenos amigos. Aún no deja los derivados animales por completo, pero ¿cuántos de ustedes no comenzaron a considerarlo luego de rescatar o darle hogar a un animal?
Quien sí decidió dar el paso definitivo es la prima del amigo que me está ayudando a traducir el libro Veganos para siempre, tomó esa resolución luego de ver un documental sobre la industria láctea. Ya tiene en sus manos algunos capítulos del libro, y aunque también a un montón de gente sobre ella diciéndole que no lo haga, saber esto me llena de optimismo.
Del queso Philadelphia
Una de las cosas que más trabajo me costó dejar fue el queso, quizás muchos de ustedes hayan pasado o estén pasando por lo mismo. Hace tres días ordené sushi al lugar de siempre, me gusta porque aunque hayamos tenido algunos malos entendidos al principio, la paciencia de ambos nos ha llevado a tener una buena relación comercial, pero de vez en cuando se les va una que otra y ese día me dieron dos piezas de sushi con queso Philadelphia. En momentos así solo las dejo a un lado, pero sentí curiosidad, quizás quería recordar su sabor o averiguar si aún lo disfrutaría. Miré hacia todos lados como una ratera y me jambé la primera. Me supo como a reflujo de bebé (no es que lo haya probado pero sí lo le olido :P).
Esto ya se había convertido en un experimento científico, tomé un poco de agua y decidí comerme la segunda pieza, nomás por no dejar... esta vez sí terminé por escupir el bocado en una servilleta. ¿Será que ahora sí me supo a pus de ubre de vaca? ¿O que en verdad las propiedades del queso hacen que la gente piense que es delicioso cuando en realidad sabe a vómito hidrogenado? ¿Le ha pasado a alguien más?
La neta, prefiero el aguacate.
De mi amigo y su blog...
Hace poco un blogger famoso y no vegano con quien tengo una bonita amistad (nos hemos intoxicado forevereando sobre la vida hasta quedarnos dormidos en su sofá) escribió unas líneas sobre mí:
"Ir con La Comehierbas a la tiendita se vuelve una experiencia esotérica, pues tiene que leer cuidadosamente todas las etiquetas para saber si dicho producto no tiene un derivado animal. Como sus cuates ya sabemos eso cuando queremos comprarle algo leemos también las etiquetas. Nos amaestró.Sigh... juro que digo la verdad al decir que no recuerdo que eso pasara (por otro lado tampoco recuerdo cómo llegué a la computadora el día de hoy). Ahora que lo pienso, la mayor parte del tiempo no hablo en serio. Y mi amigo tampoco. Es como estar en un eterno concurso de sarcasmo donde al final ya no sabemos si el otro sigue bromeando o de verdad está diciendo que todas las noches se pone una botarga de perro y se frota en los árboles. Primero me preocupó que sus palabras fueran tomadas demasiado en serio por las personas y esto provocara una mala percepción del veganismo. "Raza envidiosa" comentó un lector. "Se me hizo bien ojete tu amiga..." dijo otro. Luego concluí que quizás yo había sido desconsiderada y no me había percatado de que él realmente tenía mucha hambre.
Lo malo es que no consume, pero tampoco compra... aunque sea para otro. Un día no tuve dinero y tenía mucha hambre, así que le pedí un sándwich de pollo:
- Nada de sándwich: te compro unos platanitos
- ¡Pero tengo hambre!
- Con los platanitos se te quita
- ¡Pero quiero un sándwich!
- Platanitos
Moraleja: no se le puede confiar el hambre a un vegano ¡quiero bistec!"
Tratando de ver el vaso medio lleno, es cierto, todos mis amigos se preocupan por mí a la hora de elegir comida para una reunión. Y aunque por el bien de la comedia él haya tomado un incidente baboso para convertirlo en un texto chistoso, no miente: sí reviso las etiquetas y jamás le compraría algo hecho con animales... pero sí una chirindonga de berenjena, o sushi de aguacate, espinaca y pepino. ¡Si habláramos seriamente de vez en cuando!
En fin, para tratar de llenar todos los huecos le llevé unas hamburguesas de lenteja a su trabajo y hablamos al respecto. Él se disculpó muy apenado, luego yo misma me sentí avergonzada por ser tan dramática y terminamos pidiéndonos perdón mutuamente durante media hora. True story.
Supongo que por eso no se nos da la solemnidad :-/
Comehierbas o no, seguimos siendo humanos con múltiples personalidades; los aspectos que dan forma a nuestro carácter son muchísimos, no solo nuestra ideología. Con con esto quiero decir que las personas convivirán con el vegano, el bromista, el irritable o el huevón dentro de nosotros, lo que les da la opción de detestarnos (o querernos) por otras razones más que el simple hecho de no comer animales. Es algo que ambas partes debemos entender. Eso y no tomarnos la vida tan a pecho.
Pero sí, cuando sean veganos, traten de no llevar su faceta irritable y poco seria, vean lo que me pasó a mí :(
El altavoz taurino...
Hay un sujeto peculiar en el lugar donde trabajo. Todos nos enteramos de su vida cuando habla por teléfono aunque esté encerrado en un cuarto a 20 metros de distancia. Le grita a todo mundo y le gusta que la gente sepa que él es un Lord Caca Grande. Alguien importante, pues. Hace unos días lo tenía justo atrás de mí discutiendo (si así se le puede llamar a expulsar 10 litros de saliva por palabra vociferada) con un reportero que parecía muy afectado por haber presenciado una corrida de toros. El chico era joven y en mi opinión no supo (¿o no quiso?) defender sus argumentos contra esta práctica cruel, solo dijo con timidez que ver al animal agonizando y bufando lo había entristecido. Oh, pero al otro bruto sí que lo escuché, entre las cosas que bramó habían joyas como esta:
"Perdóname, mano, pero se ve que no sabes nada sobre la historia y tradición de la fiesta brava. ¿qué crees que preferiría el toro? ¿ser miserable en una granja hasta que lo maten para ser un bistec o vivir como rey, cogiéndose a todas las vacas que quiera y morir como un guerrero? ¡Para eso los crían! ¡Están hechos para eso! Mira, mejor ni hablamos de esto porque la verdad estas muy chavo, mano, estás muy chavo.Yo creo que el toro preferiría a toda costa, que ni lo trataran mal ni lo matasen. No tengo que decir que me puse color jitomate y estuve a punto de pararme de mi lugar y meterme en la discusión... hasta que pensé en todo lo que había observado en esta persona. Jamás deja hablar a la gente cuando está
Sin darse cuenta dejó algo implícito en su diatriba: el chico está joven, él ya no. Sus ideas son obsoletas y no me cabe la menor duda, ya van de salida.
Judas la tortuga, Diógenes el perro y nuevos veganos
Como tengo horario
Judas no es el único animal que ha recibido una segunda oportunidad. Hace poco alguien a quien estimo muchísimo y ha tenido la paciencia de escuchar mis soliloquios veganos decidió adoptar a un perro que encontró tristeando por su escuela. Lo llamó Diógenes y ya son muy buenos amigos. Aún no deja los derivados animales por completo, pero ¿cuántos de ustedes no comenzaron a considerarlo luego de rescatar o darle hogar a un animal?
Quien sí decidió dar el paso definitivo es la prima del amigo que me está ayudando a traducir el libro Veganos para siempre, tomó esa resolución luego de ver un documental sobre la industria láctea. Ya tiene en sus manos algunos capítulos del libro, y aunque también a un montón de gente sobre ella diciéndole que no lo haga, saber esto me llena de optimismo.
Del queso Philadelphia
Una de las cosas que más trabajo me costó dejar fue el queso, quizás muchos de ustedes hayan pasado o estén pasando por lo mismo. Hace tres días ordené sushi al lugar de siempre, me gusta porque aunque hayamos tenido algunos malos entendidos al principio, la paciencia de ambos nos ha llevado a tener una buena relación comercial, pero de vez en cuando se les va una que otra y ese día me dieron dos piezas de sushi con queso Philadelphia. En momentos así solo las dejo a un lado, pero sentí curiosidad, quizás quería recordar su sabor o averiguar si aún lo disfrutaría. Miré hacia todos lados como una ratera y me jambé la primera. Me supo como a reflujo de bebé (no es que lo haya probado pero sí lo le olido :P).
Esto ya se había convertido en un experimento científico, tomé un poco de agua y decidí comerme la segunda pieza, nomás por no dejar... esta vez sí terminé por escupir el bocado en una servilleta. ¿Será que ahora sí me supo a pus de ubre de vaca? ¿O que en verdad las propiedades del queso hacen que la gente piense que es delicioso cuando en realidad sabe a vómito hidrogenado? ¿Le ha pasado a alguien más?
La neta, prefiero el aguacate.








